Apenas amanecía, necesitaba que anochezca, apenas anochecía necesitaba desgarradamente el día siguiente, y, así todos los días. Ya nada era igual, todo era más oscuro, inclusive la luz, ya no encandilaba; ni el cielo: al mirarlo, sólo podía ver una figura clara, que en él se dibujaba; el Sol ya casi no alumbraba.
Ya nada interesaba en ese lugar, ni los días, ni las horas, ni lo que en ellas pasaba, nada podía hacer que vuelva a sonreír por algo.
Con el paso de los días, en vez de mejorar, la situación cada vez se oscurecía mas. Los pájaros no cantaban, o, al menos, no se escuchaban; las miradas no se cruzaban; siquiera había miradas, la única que realmente interesaba, ya no se encontraba ahí.
Por todo el lugar había carteles con frases alentadoras, pero, tampoco interesaba eso, esas frases nunca fueron leídas, nunca fueron interpretadas; por el contrario, cada vez que se topaba con las frases, sus ánimos decaían aún más.
Siquiera había calor; los días eran grises, fríos, solitarios... Nada estaba bien allí...
Sólo había una cosa, un número por el que seguir luchando... 28
El número 28, nada mas habita en mi cabeza.
Días fríos, oscuros, grises, desanimados, desinteresados, nada me importa si no tengo tu voz, tu mirada, tu calorcito, tus abrazos, tus besos, tu risa.
No puedo estar sin tu risa.
Este lugar es nada, si vos no estás en él.
Te extraño profundamente
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